viernes, 5 de septiembre de 2008

...Hablando Con Viejos Conocidos...

Caminando por el cementerio de Montparnasse, girando a la izquierda en la tumba de Samuel Beckett hay un pasillo de aproximadamente 200 metros. A diestra y siniestra se ven lapidas, monolitos, o simples pedazos de tierra removida.
Pero casi al final de este tristemente bello pasillo hay una lapida. Tallada en un hermoso marmol blancuzco. Tiene talladas dos palabras, ocho numeros y un guión. Señalizando, obviamente, nombre, fecha de nacimiento y muerte separadas por un diminuto guión.
Estas letras y números estan acompañadas de una rosa marchita, un par de piedras, una corona de flores verdes a medio pudrir y un sinfin de cartas. Cartas de agradecimiento, de despedida, de curiosidad por alguna que otra historia sin terminar de entender. En fin, cartas.
Y mientras cubro los últimos pasos hasta dicha tumba, esta se abre, dejando ver una mano con los dedos indice y medio manchados de un amarillo nicotinoso. La mano de un fumador viejo, digamos. La susodicha termina de delizar la tapa de la lapida de marmol y una figura trajeada se alza desde la abertura.
Limpiandose el polvo de los hombros y el frente del traje, el hombre ante mi se palpa los bolsillos enmohecidos como buscando algo que no debería no estar ahí.
Chasqueando la lengua y mirando en derredor se percata de mi presencia y se me acerca con paso firme. Sus facciones son las que siempre vi en fotos o en algun video perdido, desentonando con el corroido traje.
-Disculpeme, ¿tendrá un Gauloise de casualidad?- me dice, como pidiendo perdón.
-Si, como no - le contesto casi sonriendo- los acabo de comprar antes de entrar, me parecía lo más apropiado, viniendo a visitarlo y todo, quiero decir.
- Ah, ¿si?- me pregunta tomando uno y acercandolo a la llama de mi encendedor naranja de plastico que me da verguenza y que daría una pierna por poder convertir en un Zippo o unos fosforos comunes.
- Si- le digo- es una de las únicas cosas que me interesaban ver de Paris, esta tumba.
- La gente tiene la mala costumbre de visitar los peores lugares- me contesta soltando el humo de su Gauloise a medio fumar.
Casi que me rio ( de pura alegría nomas) de como arrastra la "r" al pronunciarla mal.
- Si, puede ser - le digo, mientras me prendo un Gauloise y respiro profundo, disfrutando el silencio.
Después de un rato de estar mirando el poniente el caballero frente a mi me mira.
- ¿Y? ¿Como están del lado de allá?- me pregunta.
- Bien. Como siempre, bah. Corruptos, despotas, todo a punto de explotar. Viste como es.
- Si - me contesta - dudaba que pudiera cambiar mucho eso. Somos gente con poca memoria. Yo tenia demasiada, lamentablemente. Igual, te soy honesto, si de algo me acuerdo y me quede con ganas, es de un buen asado del lado de allá, eh.
- Mira, si me permitis el atrevimiento - le contesto, sacando un tupper de la mochila - yo me traje un choripan un pedazito de vacio del lado de allá para esta ocasión. Te los doy con gusto, yo cuando vuelva me hago más y listo.
- Nene, te acabas de ganar el cielo, que joder - me dice, agarrando lo que a sus ojos claramente eran dos pequeños tesoros. A medio centimetro de incarle el diente se frena, baja el choripan y me mira serio.
- Chimichurri no tengo, disculpame - le digo, sin saber bien que hacer con esa mirada acusadora.
- No, no es eso. Pero voy a tener que decirte si Horacio se cayó o se tiro? o si encontró a la Maga o alguna boludez de esas? - me pregunta alzandose en ira - porque me vuelvo al cajón con hambre, te soy honesto.
- Vos comete eso y volvete para el cajón que yo con esto ya tengo como para una vida de anecdotas. Te pido un apretón de manos, un abrazo y quedamos a mano?
- Hecho - me dice, aprentandome la mano mientras que con la otra se manda el último pedazo de vacio a la boca y me abraza - un gusto pibe.
- Al contrario - le digo.
La vuelta a la entrada parece pasar como un borrón de imagenes y un gran sentido de satisfacción, casi como dando salititos mientras dejo atrás una estela de humo azul y hago bailar el filtro de uno que levante del piso al lado de la tumba que fui a visitar.....


lunes, 1 de septiembre de 2008

...Un Poco De Mitología...

Guardonio ( Guardtunio para los romanos) era el Dios de la dirección y las artes. Se dice que contrajo matrimonio con Comicea, Diosa de la comedia y la música.
De esta unión deifica nació Wafflia, conocida, entre otras, como la Diosa de la canela, el tabaco, el canto, la danza, las fiestas dionisas con vinos burbujeantes y las artes teatrales.
Se dice que al nacer a su forma física, Wafflia extrajo de su boca un diminuto huevo dorado, y luego de encender una hoguera de una pila de maderos con tan solo el calor de su
s manos, lo deposito en ella. Luego de unas horas, un pequeño pajarillo dorado y carmesí, como una pepita ensangrentada, emergió del cascarón. Esta ave fue luego conocida por muchos nombres por distintas culturas. Para los egipcios fue Benu para los egipcios, fenghuang para los orientales, Zhar-Ptitsa para la Rusia antigua y Fénix para el mundo Occidental.
El ave Fénix es conocido como el símbolo y estandarte de Wafflia desde la era mitológica. Era enviado en épocas de guerra a reconocer el terreno antes de cualquier batalla y dar un reporte a su ama. Al compartir una conexión telepática, la comunicación entre Ave y Diosa era sencilla y fluida.
Wafflia es también conocida como la Diosa de los sueños Dionicios, la favorecedora de los luthiers y los poetas.
Entre sus enemigos, los más temidos fueron los Minotauros. Se dice que durante la noche, los minotauros intentaron asesinar a Wafflia, despertándola de su sueño con gritos aterradores y grandes lanzas. Luego de unos pocos momentos, Wafflia estaba de pie sobre el cadáver de varios semi-hombres muertos.
Como castigo por la forma en que despertaron su sueño, Wafflia no aniquiló a toda la raza, sino que denigró sus apariencias e inteligencia, transformándolos en los caballos corrientes que aún caminan la tierra.
Poseedora de las ya olvidadas tierras de Lombarda, Wafflia recorría sus bosques con un simple pero hermoso vestido verde, cuidando sus fronteras e impartiendo sus conocimientos a las criaturas que allí residen.
Cuenta la leyenda que su alimento predilecto eran osos y serpientes de las tierras de Yummie (pronunciado "Yummi") y que su única bebida era la de un río que recorría sus bosques, llamado "Cokalait", una hermosa corriente de color oscuro y de gusto dulce.
A pesar de su condición de Diosa, y consecuente inmortalidad, Wafflia residía en un cuerpo físico, y tenía, por lo tanto, debilidades propias de dicho cuerpo.
Una de estas debilidades fue, en las guerras Pashasas, casi su perdición. Su punto físico más vulnerable era el lugar sensible debajo de sus brazos, es decir, sus axilas. Se dice que el único mortal que alguna vez fue tan valientes (o estúpido) de intentar atacarla en esos puntos fue enterrado vivo y maldito con la inmortalidad.
Existía, por otro lado, una forma no violenta de detenerla, (matarla, después de todo, era imposible) la cual consistía en acariciar suavemente su sien. Desde la frente hasta el entrecejo, rítmica y suavemente. Esto la inducía a un sopor que podía durar siglos.
El tercer gran mal capaz de afectar la forma física de la Diosa era una infusión de hierbas (excepto dos, que aumentaban y exaltaban sus poderes cual poderosas drogas) cuyos ingredientes se han perdido en los anales del tiempo, pero cuyo equivalente actual sería ese del de la sopa.
De las batallas en las cuales interviene esta Divinidad, se habla de la batalla de los 50 lunes, en las tierras Morenas. Se dice que un inmenso ejercito de diminutos demonios que con sus gritos podían enloquecer al mismo Apolo, atacaron a la Diosa. Fue una batalla que duro casi un año, pero Wafflia finalmente salió victoriosa, pisando la cabeza de todos y cada uno de los pequeños monstruos.

Esta es solo una pequeña parte de lo que se conoce de Wafflia. Ya vendrán otras crónicas, otras historias.

Hasta entonces, querido lector….