Pero casi al final de este tristemente bello pasillo hay una lapida. Tallada en un hermoso marmol blancuzco. Tiene talladas dos palabras, ocho numeros y un guión. Señalizando, obviamente, nombre, fecha de nacimiento y muerte separadas por un diminuto guión.
Estas letras y números estan acompañadas de una rosa marchita, un par de piedras, una corona de flores verdes a medio pudrir y un sinfin de cartas. Cartas de agradecimiento, de despedida, de curiosidad por alguna que otra historia sin terminar de entender. En fin, cartas.
Y mientras cubro los últimos pasos hasta dicha tumba, esta se abre, dejando ver una mano con los dedos indice y medio manchados de un amarillo nicotinoso. La mano de un fumador viejo, digamos. La susodicha termina de delizar la tapa de la lapida de marmol y una figura trajeada se alza desde la abertura.
Limpiandose el polvo de los hombros y el frente del traje, el hombre ante mi se palpa los bolsillos enmohecidos como buscando algo que no debería no estar ahí.
Chasqueando la lengua y mirando en derredor se percata de mi presencia y se me acerca con paso firme. Sus facciones son las que siempre vi en fotos o en algun video perdido, desentonando con el corroido traje.
-Disculpeme, ¿tendrá un Gauloise de casualidad?- me dice, como pidiendo perdón.
-Si, como no - le contesto casi sonriendo- los acabo de comprar antes de entrar, me parecía lo más apropiado, viniendo a visitarlo y todo, quiero decir.
- Ah, ¿si?- me pregunta tomando uno y acercandolo a la llama de mi encendedor naranja de plastico que me da verguenza y que daría una pierna por poder convertir en un Zippo o unos fosforos comunes.
- Si- le digo- es una de las únicas cosas que me interesaban ver de Paris, esta tumba.
- La gente tiene la mala costumbre de visitar los peores lugares- me contesta soltando el humo de su Gauloise a medio fumar.
Casi que me rio ( de pura alegría nomas) de como arrastra la "r" al pronunciarla mal.
- Si, puede ser - le digo, mientras me prendo un Gauloise y respiro profundo, disfrutando el silencio.
Después de un rato de estar mirando el poniente el caballero frente a mi me mira.
- ¿Y? ¿Como están del lado de allá?- me pregunta.
- Bien. Como siempre, bah. Corruptos, despotas, todo a punto de explotar. Viste como es.
- Si - me contesta - dudaba que pudiera cambiar mucho eso. Somos gente con poca memoria. Yo tenia demasiada, lamentablemente. Igual, te soy honesto, si de algo me acuerdo y me quede con ganas, es de un buen asado del lado de allá, eh.
- Mira, si me permitis el atrevimiento - le contesto, sacando un tupper de la mochila - yo me traje un choripan un pedazito de vacio del lado de allá para esta ocasión. Te los doy con gusto, yo cuando vuelva me hago más y listo.
- Nene, te acabas de ganar el cielo, que joder - me dice, agarrando lo que a sus ojos claramente eran dos pequeños tesoros. A medio centimetro de incarle el diente se frena, baja el choripan y me mira serio.
- Chimichurri no tengo, disculpame - le digo, sin saber bien que hacer con esa mirada acusadora.
- No, no es eso. Pero voy a tener que decirte si Horacio se cayó o se tiro? o si encontró a la Maga o alguna boludez de esas? - me pregunta alzandose en ira - porque me vuelvo al cajón con hambre, te soy honesto.
- Vos comete eso y volvete para el cajón que yo con esto ya tengo como para una vida de anecdotas. Te pido un apretón de manos, un abrazo y quedamos a mano?
- Hecho - me dice, aprentandome la mano mientras que con la otra se manda el último pedazo de vacio a la boca y me abraza - un gusto pibe.
- Al contrario - le digo.
La vuelta a la entrada parece pasar como un borrón de imagenes y un gran sentido de satisfacción, casi como dando salititos mientras dejo atrás una estela de humo azul y hago bailar el filtro de uno que levante del piso al lado de la tumba que fui a visitar.....