- Se me estan revelando los globos, boludo – confesó Marcos en voz baja.
- ¿Qué? – Le contesto Nicanor como saliendo de un sueño – ¿Se te qué?
- Que se me están revelando los globos, Nica- le explicó a su amigo con el mismo tono de confesión.
Dos semanas antes, jugando con la resaca material de su propio cumpleaños, Marcos había dibujado seis caras en seis globos con un marcador mientras lidiaba con su propia resaca física, que redujo el numero de globos a cinco, una vez vomitado el globo amarillo que presentaba una bastante pasable reproducción de la cara de Droopy. Cuando el malestar físico se vio lo suficientemente mitigado como para permitirle dormir, Marcos se entregó al sueño hasta bien avanzada la mañana del lunes, provocando que lleguara tarde a su trabajo y que olvidara completamente los globos y sus caras. No fue hasta las ocho de la noche de ese mismo lunes que volvió a pisar su cuarto y durante un segundo se extrañó de la cantidad de color que había en el piso: Dos globos rosa con las caras de Oliver de los súper campeones y la de Papá Pitufo, uno azul con la cara de John Lennon, uno verde con la cara de Evita y uno rojo con la cara de Mr. Go. No pudo evitar sonreírse, primero porque en el trajín del día los había olvidado por completo, y segundo porque estaba convencido que mientras los pintaba el día anterior aun estaba un poco borracho y eso lo había hecho olvidarlos un poco mas todavía.
Se hizo paso entre el sonriente Papá Pitufo y el exultante Oliver con un leve puntapié y se puso a mirar la tele desde la cama. Los últimos fantasmas de la resaca aun no lo dejaban del todo y se decidió a dormir temprano. Despertó a las cuatro de la mañana del día siguiente en plena oscuridad, con una sed feroz y unas igualmente feroces ganas de drenar la vejiga. Puteando y apretándose la entrepierna salió de la cama y enfiló para el baño. No pudo reprimir un pequeño grito cuando sintió algo rozando contra su pierna. Dando un salto hacia atrás buscó nerviosamente la lámpara de la mesita de luz. Al prenderla descubrió una enorme rata verde en el piso y casi grita de vuelta, solo para inmediatamente darse cuenta que solo que pasen por una peluquería, las ratas no son verdes, y mucho menos se pueden dibujar la cara de Evita en el pelaje. Puteando el doble y con el corazón todavía golpeando como un pajarito asustado miro la cara de la reina de los trabajadores y con mucho cuidado le puso el pie encima y lentamente aplicó presión. Sintió una infantil satisfacción cuando sintió como su pie hacía contacto con el piso alfombrado una vez eliminada la resistencia. Paso seguido fue al baño, se alivió como pocas veces recordaba haberlo hecho y bajo a tomar algo de agua y prepararse algo para comer.
Entre bostezos y estornudos subió las escaleras con dos hamburguesas completas en un plato y una coca, dispuesto a ver una película hasta que fuera hora de ir a trabajar. Abrió la puerta y dudo unos segundos antes de tirarse en la cama, sintiendo que algo raro e imprecisable había cambiado en el cuarto. Una vez en la cama decidió olvidarse del tema y prendió la luz mientras buscaba la revista del cable. Al no encontrarla en la mesita de luz se giró y sambulló medio cuerpo del otro lado de la cama, como para mirar debajo de la misma por la revista perdida. Se detuvo a medio camino al ver, como preparado para una foto, a cuatro caras mirándolo desde el piso. Cuatro globos dispuestos con una simetría siniestra alrededor de un pedazo de goma verde en un circulo perfecto, todos con sus caras mirando no solo hacia arriba, sino específicamente hacia él. Durante un delirante segundo pensó que las caras se iban a mover, pero todos mantenían sus expresiones originales (obviamente mantienen sus expresiones originales- se dijo Marcos sintiéndose un pelotudo condecorado-, son globos pintados!). Los corrió de un manotazo sintiéndose un idiota y buscó la revista de cable bajo la cama. Estuvo viendo El Exorcista hasta las 8, no sin antes meter a todos esos putos globos en el armario, donde no los iba a mover el viento o lo que sea que los haya movido.
viernes, 30 de octubre de 2009
miércoles, 13 de mayo de 2009
viernes, 3 de abril de 2009
...Viajes En Tren...
A Juan le gusta una chica.
Cuando la ve siente mariposas en el estomago. Algunos podrán pensar que esta es solo una expresión, un recurso para explicar una situación, pero cada vez que Juan sabe que va a verla, lleva un matamoscas en el bolsillo.
Los días que lleva el matamoscas son los jueves, que va al centro, a las clases de guitarra, a unas cuadras de la estación Retiro. Le da mucha fiaca, pero el profesor es bueno, y barato.
Así que se toma el tren nuevo en la estación Florida hasta el final del ramal.
Siempre espera el tren de manera tal que se pueda subir al tercer vagón; a la altura del quiosco de revistas que queda entre el primer banco azul y una estatuilla de la virgen.
El tercer vagón es el de música clásica. El que tiene los sillones viejos y los músicos de cámara detrás del vidrio al fondo.
Cada vez que Juan sube, sube por la primera puerta, la del extremo derecho del vagón, donde están los músicos. Después de dar el primer paso dentro del tren se permite tres segundos para dirigir la mirada a las personas detrás del cristal.
1.
2.
3.
E inmediatamente les da la espalda.
Se pasa los 21 minutos que dura el viaje de espaldas al vidrio, deseando con toda su alma darse la vuelta y pasarse esos 21 minutos mirando, mirandola. La miraría esos 21 minutos 21 veces. La miraría esos 21 minutos, con esos ojos cerrados, levantando el arco y haciendo sonar ese pequeño violín en sus delicadas manos. La violinista.
Durante 4 meses Juan entraba al tercer vagón, se tomaba sus tres segundos (1,2,3) y se daba la vuelta, maldiciendose sin parar durante 21 minutos. Al cuarto mes, cuando ya no se le ocurrían insultos para adjudicarse durante un jueves particularmente lluvioso, Juan compro un Narciso en el puesto de flores a una cuadra de la estación. Lo defendió de la lluvia hasta que llegó el tren y cuando lo vio llegar casi lo tira a las vías. A último momento respiró hondo y lo apretó con fuerza antes de dar un paso dentro del tercer vagón.
Dejo el Narciso en la barandilla roja, justo delante del vidrio, exactamente delante de ella.
No se atrevió a ver si abría los ojos, no se atrevió siquiera a levantar la vista. Tan solo atinó a dejar la flor y darse rotundamente la vuelta.
Rojo desde Florida a Retiro, durante esos inacabables 21 minutos Juan se adjudicó todo tipo de improperios; desde “tonto” hasta “hijodeuncontingentedeprostitutas” en por lo menos dos idiomas. Se maldijo por no haber tirado el Narciso casi desde la puerta para luego huir.
Durante 1 mes viajó al centro en colectivo. Ya por terminar el 30vo día se dijo a si mismo que estaba siendo un nene y que no había mujer que valiera la pena la hora y media/dos horas que estaba perdiendo en viaje cada semana.
El jueves siguiente volvió a su casa a las 10 desde Retiro con una sonrisa que parecía que la cabeza se le iba a caer dentro de la boca.
Esa sonrisa particularmente feliz había hecho un nido en su cara por 3 factores de particular importancia.
El primero fue subir al tren y (algunos hábitos no son faciles de eliminar) tomarse los tres segundos reglamentarios para inmediatamente dar la espalda.
1.
2.
3.
4.
5.
Y así hasta que la cuenta llego hasta unos 120.
En el piso del otro lado del cristal Juan vio 3 Narcisos muertos (al parecer en una escala de muerte que databa de varias semanas) y un cuarto aún fresco y con algunas gotas de rocío en los pétalos.
El segundo factor fue levantar la vista hacia la violinista que, al verlo, al reconocerlo, deslizó una mano enguantada en su vestido y saco un papel, el cual puso contra el vidrio.
El tercer factor que terminó de crear la sonrisa con la que volvió a su casa era este papel.
En el papelito había una palabra y 10 números.
1557503892
Verónica
Como en un sueño, Juan sacó un pedazo de papel y una birome y escribió el número que se había fundido en su retina. Por primera vez pasó esos 21 minutos entre Florida y Retiro de cara a los músicos, disfrutando de la música.
Su sonrisa termino de ensancharse cuando, bajando de Retiro, Verónica abrió los ojos y levantó su mano con el arco aun en ella para saludarlo con la mano.
Cuando la ve siente mariposas en el estomago. Algunos podrán pensar que esta es solo una expresión, un recurso para explicar una situación, pero cada vez que Juan sabe que va a verla, lleva un matamoscas en el bolsillo.
Los días que lleva el matamoscas son los jueves, que va al centro, a las clases de guitarra, a unas cuadras de la estación Retiro. Le da mucha fiaca, pero el profesor es bueno, y barato.
Así que se toma el tren nuevo en la estación Florida hasta el final del ramal.
Siempre espera el tren de manera tal que se pueda subir al tercer vagón; a la altura del quiosco de revistas que queda entre el primer banco azul y una estatuilla de la virgen.
El tercer vagón es el de música clásica. El que tiene los sillones viejos y los músicos de cámara detrás del vidrio al fondo.
Cada vez que Juan sube, sube por la primera puerta, la del extremo derecho del vagón, donde están los músicos. Después de dar el primer paso dentro del tren se permite tres segundos para dirigir la mirada a las personas detrás del cristal.
1.
2.
3.
E inmediatamente les da la espalda.
Se pasa los 21 minutos que dura el viaje de espaldas al vidrio, deseando con toda su alma darse la vuelta y pasarse esos 21 minutos mirando, mirandola. La miraría esos 21 minutos 21 veces. La miraría esos 21 minutos, con esos ojos cerrados, levantando el arco y haciendo sonar ese pequeño violín en sus delicadas manos. La violinista.
Durante 4 meses Juan entraba al tercer vagón, se tomaba sus tres segundos (1,2,3) y se daba la vuelta, maldiciendose sin parar durante 21 minutos. Al cuarto mes, cuando ya no se le ocurrían insultos para adjudicarse durante un jueves particularmente lluvioso, Juan compro un Narciso en el puesto de flores a una cuadra de la estación. Lo defendió de la lluvia hasta que llegó el tren y cuando lo vio llegar casi lo tira a las vías. A último momento respiró hondo y lo apretó con fuerza antes de dar un paso dentro del tercer vagón.
Dejo el Narciso en la barandilla roja, justo delante del vidrio, exactamente delante de ella.
No se atrevió a ver si abría los ojos, no se atrevió siquiera a levantar la vista. Tan solo atinó a dejar la flor y darse rotundamente la vuelta.
Rojo desde Florida a Retiro, durante esos inacabables 21 minutos Juan se adjudicó todo tipo de improperios; desde “tonto” hasta “hijodeuncontingentedeprostitutas” en por lo menos dos idiomas. Se maldijo por no haber tirado el Narciso casi desde la puerta para luego huir.
Durante 1 mes viajó al centro en colectivo. Ya por terminar el 30vo día se dijo a si mismo que estaba siendo un nene y que no había mujer que valiera la pena la hora y media/dos horas que estaba perdiendo en viaje cada semana.
El jueves siguiente volvió a su casa a las 10 desde Retiro con una sonrisa que parecía que la cabeza se le iba a caer dentro de la boca.
Esa sonrisa particularmente feliz había hecho un nido en su cara por 3 factores de particular importancia.
El primero fue subir al tren y (algunos hábitos no son faciles de eliminar) tomarse los tres segundos reglamentarios para inmediatamente dar la espalda.
1.
2.
3.
4.
5.
Y así hasta que la cuenta llego hasta unos 120.
En el piso del otro lado del cristal Juan vio 3 Narcisos muertos (al parecer en una escala de muerte que databa de varias semanas) y un cuarto aún fresco y con algunas gotas de rocío en los pétalos.
El segundo factor fue levantar la vista hacia la violinista que, al verlo, al reconocerlo, deslizó una mano enguantada en su vestido y saco un papel, el cual puso contra el vidrio.
El tercer factor que terminó de crear la sonrisa con la que volvió a su casa era este papel.
En el papelito había una palabra y 10 números.
1557503892
Verónica
Como en un sueño, Juan sacó un pedazo de papel y una birome y escribió el número que se había fundido en su retina. Por primera vez pasó esos 21 minutos entre Florida y Retiro de cara a los músicos, disfrutando de la música.
Su sonrisa termino de ensancharse cuando, bajando de Retiro, Verónica abrió los ojos y levantó su mano con el arco aun en ella para saludarlo con la mano.
martes, 20 de enero de 2009
...Exquisitos Entierros...
La casa del Doctor Richieri es una oda a la arquitectura.
De estilo español, esta cuenta con todo lo que un hombre del calibre del Dr. Richieri pudiera desear. Y lo tiene, ya que siendo el propietario, ha supervisado la construccion, amueblamiento y decoración de la misma.
Con unas exquisitas tejas azualadas alternadas cada 5 por una blanca, las tejas le dan al tejado un refinado (aunque excentrico) toque moderno.
La parte exterior esta también adornada por 3 balcones de haya que otorgan un buen contraste. No solo por los modernos muebles de Guatambá amarillo que los adornan, sino también por lo espaciosos que son; ideales para relajarse y adquirir un buen bronceado durante el verano, actividad que el Dr. ya ha realizado durante 6 años.
Continuando con el exterior, se destacan las 19 ventanas y ventanales de esta maravilla arquitectonica, que le otorgan una luminocidad perfecta.
Así y todo, lo verdaderamente notable de este hogar se encuentra ( como en otras tantas cosas) en el interior.
Subiendo los delicados peldaños de marmol veneciano y atravezando la puerta doble de entrada, se puede admirar el primer cuadro - ya que no hay otra manerar de describir esta casa que no sea "obra de arte" - de este hogar.
Un recibidor con puertas a un living, una cocina y uno de las 3 habitaciones para huespedes.
Junto con el garage, la sala de televisión, la oficina del Dr. Richieri, la habitación de la empleada domestica, los dos baños y el jardin (que incluye pileta, quincho y jacuzzi) se puede apreciar la totalidad de la planta baja.
Las espacioasas habitaciones ( tanto de huespedes como la del mismismo Dr.), los baños, la biblioteca y la sala de música del segundo piso requeririan un libro abultado para ser descritas. Así como la enorme cantidad de juegos de mesa, consolas de video-juegos, maquinas de arcade e imponentes equipos de sonido que se podrían encontrar en el tercer piso.
Parece una jugada casi irónica del destino que este aparente monumento historico de la arquitectura moderna tuviera una falla (minuscula, concedido, pero como sucede con todas las cosas, la importancia está en los pequeños detalles) en los cimientos.
Fue así que a las 3:33 de la madrugada del 3 de Marzo del 2009 el veneradisimo Dr. Richieri murió sepultado (como era tradición en algunas tribus vikingas, aunque estos también quemaban a sus difuntos) bajo todos sus exquisitos efectos personales...aún mientras soñaba con la mesas de billar con patas de marfil que habia decidido comprar al dia siguiente.
De estilo español, esta cuenta con todo lo que un hombre del calibre del Dr. Richieri pudiera desear. Y lo tiene, ya que siendo el propietario, ha supervisado la construccion, amueblamiento y decoración de la misma.
Con unas exquisitas tejas azualadas alternadas cada 5 por una blanca, las tejas le dan al tejado un refinado (aunque excentrico) toque moderno.
La parte exterior esta también adornada por 3 balcones de haya que otorgan un buen contraste. No solo por los modernos muebles de Guatambá amarillo que los adornan, sino también por lo espaciosos que son; ideales para relajarse y adquirir un buen bronceado durante el verano, actividad que el Dr. ya ha realizado durante 6 años.
Continuando con el exterior, se destacan las 19 ventanas y ventanales de esta maravilla arquitectonica, que le otorgan una luminocidad perfecta.
Así y todo, lo verdaderamente notable de este hogar se encuentra ( como en otras tantas cosas) en el interior.
Subiendo los delicados peldaños de marmol veneciano y atravezando la puerta doble de entrada, se puede admirar el primer cuadro - ya que no hay otra manerar de describir esta casa que no sea "obra de arte" - de este hogar.
Un recibidor con puertas a un living, una cocina y uno de las 3 habitaciones para huespedes.
Junto con el garage, la sala de televisión, la oficina del Dr. Richieri, la habitación de la empleada domestica, los dos baños y el jardin (que incluye pileta, quincho y jacuzzi) se puede apreciar la totalidad de la planta baja.
Las espacioasas habitaciones ( tanto de huespedes como la del mismismo Dr.), los baños, la biblioteca y la sala de música del segundo piso requeririan un libro abultado para ser descritas. Así como la enorme cantidad de juegos de mesa, consolas de video-juegos, maquinas de arcade e imponentes equipos de sonido que se podrían encontrar en el tercer piso.
Parece una jugada casi irónica del destino que este aparente monumento historico de la arquitectura moderna tuviera una falla (minuscula, concedido, pero como sucede con todas las cosas, la importancia está en los pequeños detalles) en los cimientos.
Fue así que a las 3:33 de la madrugada del 3 de Marzo del 2009 el veneradisimo Dr. Richieri murió sepultado (como era tradición en algunas tribus vikingas, aunque estos también quemaban a sus difuntos) bajo todos sus exquisitos efectos personales...aún mientras soñaba con la mesas de billar con patas de marfil que habia decidido comprar al dia siguiente.
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